Por qué el contenido digital es el mejor amigo de tu emprendimiento

Hace dos años, cuando con mi mejor amiga decidimos levantar nuestra propia tienda virtual de productos de diseño independiente, sólo teníamos sueños y esperanzas. No, no estoy tratando de que suene bonito, LITERALMENTE sólo teníamos las ganas y la convicción de triunfar haciendo lo que más nos gusta. Teníamos un millón de ideas en mente pero poco o nada de recursos para concretarlas. Pero a veces el presupuesto limitado es el mejor aliado, es cosa de pensar en cómo George Lucas hizo Star Wars casi que con el vuelto del pan y aún así terminó convirtiéndose en una de las franquicias más lucrativas de la industria cinematográfica (soñar no cuesta nada).

Pero ¿por qué? porque la falta de recursos nos obliga a sacar el máximo provecho a nuestra creatividad y pone a trabajar nuestro ingenio al 100%. Cuando comenzamos a investigar cuales son los caminos más recomendados para que tu emprendimiento crezca, nos topamos con una serie de términos técnicos propios del mundo de la publicidad y que francamente nos arrebataron el entusiasmo inicial. Así que a la típica pregunta de los cursos de marketing: ¿cuál es tu público objetivo? propusimos otra que nos acomodaba más ¿qué es lo que a nosotras nos gusta comprar? o mejor ¿qué es lo que nosotras queremos de una tiendita de diseño nacional? Y esta pregunta implicó dos cosas: primero, que nuestra creatividad se disparar; y segundo, seguir un camino de mucha incertidumbre en el que no teníamos ninguna garantía de que lo que estábamos haciendo pudiese gustarle a alguien más.

Y aquí es donde la falta de presupuesto y de conocimientos sobre negocios nos jugó a favor. Porque en vez de encerrarnos a contabilizar tablas de excel nos lanzamos a construir una comunidad virtual que ha crecido sólo gracias al diálogo que tenemos con los que se han convertido en nuestros clientes. Digo comunidad, porque el tipo de contenido que compartimos no se limita a la mera publicación de productos (aunque por supuesto, que también hay mucho de eso) sino además escenas de nuestra vida cotidiana, las vicisitudes de la vida con mascotas, el caos en el que se convierte a veces nuestro taller y hasta nuestro compromiso con ciertas luchas sociales. No les voy a mentir, cada vez que hemos experimentado en formatos -mi compañera es diseñadora y yo comunicadora audiovisual- nos sentamos a esperar el rechazo, las críticas, o el simple desinterés. Pero lo que hemos descubierto en este corto camino es que somos parte de una generación para la que el consumo ya no se justifica en sí mismo, una generación que no quiere ser tratada como meros clientes, y que no quiere comprar sin conocer el rostro de los que están detrás del producto. Somos una generación que usa el espacio virtual como un lugar de encuentro, y que por lo mismo busca cosas en común.

Atrás quedó el consumo masivo sin rostro. Este es el tiempo del consumo consciente, del diálogo constante entre productores y consumidores. Y es aquí donde el contenido se convierte en nuestro mejor aliado. Porque para construir comunidad ya no se necesita forzosamente de campañas publicitarias millonarias, lo que queremos de nuestras tiendas es la calidez que encontramos en nuestros círculos cercanos, conocer sus historias, sentir que al comprarles estamos apoyando el esfuerzo noble. Lo que queremos es conocer la historia detrás de, y para eso no hay mejor herramienta que los múltiples formatos narrativos actuales.   

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